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lunes, 3 de mayo de 2010

La novela en tanto exorcismo: María la noche (Anacristina Rossi)

Artículo aparecido en Repertorio Americano No.19-20, 2005
Autores: Mónica Zúñiga Rivera y Kattia Castro Toruño
Actualizado en 2010 (de ahí los 25 años)


La novela en tanto exorcismo: María la noche de Anacristina Rossi


Mónica Zúñiga R.
Kattia Castro T.


Hace 25 años, la costarricense Anacristina Rossi publicó en España su primera novela, María la noche . Su incursión en la narrativa local no fue bien recibida y su obra, así como la protagonista, tuvieron que ir a parar a Europa. Autora y novela recibieron críticas: lo relatado era transgresor, no tradicional, y algunas veces herético, de ahí la fuerte censura sufrida.
Luego surgieron varios artículos relacionados con el erotismo, la muerte simbólica de la madre o el enfoque psicoanalítico sobre el que la novela se estructura. Con base en lo omitido por la crítica literaria, surgió el tema del doble en relación con el proceso de lectura, así como la afirmación (una vez más) de la novela en tanto exorcismo. El presente ensayo trata de delimitar un posible camino hermenéutico en torno a estas ideas.
En primer lugar, la novela arroja una interrogante: ¿cuál es la función del desdoblamiento en María la noche en relación con el proceso de lectura? A su vez, esta pregunta generó otras dudas tales como ¿cuál es la relación de la palabra con el proceso exorcizante? ¿de qué forma se relaciona la palabra exorcizante con una sesión psicoanalítica (hablante-oyente)? ¿en qué medida la ambigüedad valida el nacimiento del doble y de la palabra exorcizante?
El desdoblamiento, entendido como una escisión que en la literatura está relacionada con la presencia del Otro, determina la presente interpretación. Además y según lo explica Bargalló Carreté, este fenómeno se produce cuando “dos encarnaciones alternativas de un solo y mismo individuo coexisten en un solo y mismo mundo de ficción” (AA. VV., 1994: 15).
La idea del desdoblamiento se aprecia desde los epígrafes que inician la narración. El primero describe una forma de inteligencia no tradicional, un conocimiento de origen profundo y, por lo tanto, no explicable. De ese modo, se puede afirmar que tanto Antonio como Mariestela son personajes sumamente inteligentes, pero traumatizados y acostumbrados a convivir con sus desórdenes mentales, lo cual no les resta méritos intelectuales, de ahí que se postule la inteligencia como un misterio.
El segundo epígrafe es quizá el más importante, porque prefigura la hipótesis de la investigación: “Tú no estás conmigo; aquí solo la lluvia, la sensación de alguien que desciende”. Ese no estar es sinónimo de no existir: Mariestela no está con Antonio, sino que proviene de él, es su creación. Surge también un matiz espacial, el aquí contrapuesto al allá, de manera que Antonio vive solo y el allá es la dimensión fantástica en la que se desenvuelve su historia.
Luego aparece la frase “I’m lonely in London”, la cual es parte de una canción del brasileño Caetano Veloso. Ésta refuerza nuevamente la soledad del personaje; y además muestra dos espacialidades, dos idiomas, dos posibilidades y dos visiones de mundo diferentes.
Así, los epígrafes funcionan como un indicio del proceso de desdoblamiento sobre el cual gira la novela y ese continuo oscilar entre el espacio y el tiempo, que deriva en una incerteza.
Además, Antonio, el protagonista de la novela, y Mariestela, cohabitan en un mundo narrado simultánea y diferentemente; esta desemejanza propicia el nacimiento del doble. Aunado a lo dicho, generalmente el desdoblamiento manifiesta un contraste por oposición (un personaje es casto, el otro es licencioso, uno es miedoso, el otro, osado, etc) de modo que ambas personalidades tratan de excluirse e imperar en ese mundo narrado.
Justamente, esa perturbación es la que afecta o incide entre el yo (Antonio) y el otro (Mariestela). El desdoblamiento del personaje central, que en este caso es Antonio, valida la invención de una realidad, o mejor dicho de “otra realidad” distinta a la vivida.
La novela evidencia tres tipos de desdoblamiento: por fisión, por efecto prisma y por esquizofrenia. El desdoblamiento por fisión se evidencia cuando de un individuo salen dos personificaciones (es decir, una escisión). En la novela, este punto ocurre en el Pub del Pirata justamente en el umbral de una puerta, aspecto sumamente simbólico ligado al límite. Pero, además Antonio se describe con “un limbo en la cabeza” (Rossi, 1985:20), situación que propicia el desdoblamiento. Este primer encuentro está teñido por un intento de asesinato, el cual se podría interpretar como el deseo de matar una parte de Antonio que es libertina e impulsiva. Mariestela representa ese otro ser, quien lleva una vida disoluta y completamente contraria. En este sentido, el doble subjetivo o fisionado (Jourde y Tortonese, 1996: 92) representado en Mariestela designa el pasado de Antonio, que para los lectores es un enigma, porque el texto no habla de él. Antonio elige contar el pasado desde un personaje femenino quien lo reifica como sujeto en el presente. En otras palabras, la vida pretérita del español no existe, lo evidente es el presente: sus estudios, su trabajo y su invención.
Al final de la novela ya no se habla de un intento de asesinato (como lo imagina Antonio en varias ocasiones), sino de un homicidio real ocurrido en el cuarto de atrás del apartamento de Mariestela. Así, de una manera muy significativa, Antonio cierra esa brecha y se convierte de nuevo en un solo ser. La conclusión de esa fisión sólo los lectores la conocen, pues Antonio nunca fue consciente de eso.
Sin embargo, en este caso particular, el homicidio no se lleva consigo al personaje desdoblado, como sucede en El retrato de Doryan Gray o William Wilson, sino que por medio de la fisión, Antonio elimina únicamente la parte no deseada en él, representada por Mariestela.
El segundo tipo de desdoblamiento es más complejo porque implica una fisión múltiple, varias escisiones. Este fenómeno fue denominado por las investigadoras desdoblamiento de efecto prisma, por su semejanza con ese proceso; en este se divide un único rayo de luz en varios menores de diferentes colores. De este modo, es posible afirmar que Antonio se desdobla en Mariestela, sin embargo, es la imagen de ella la que se fragmenta y se proyecta en otros personajes (Octavia, Parsimonia, los tres Davides, entre otros). Mariestela, a su vez, se fisiona y da como resultado el mundo de Limón, San José y Europa con todos los personajes que la rodean.

De la misma forma en que el prisma “actúa como un espejo muy eficiente que refleja todos los colores derivados del blanco” (Diccionario de la Real Academia Española, 2001: 402), Mariestela refleja los deseos ocultos de Antonio. Gracias a ella, él vence sus temores representados en cada uno de los personajes emitidos por su opuesto. Sin embargo, esta no es la única relación, pues dentro del relato se encuentran varias en las cuales un espejo proyecta el reflejo de otro, como una cadena de imágenes semejantes entre sí. Por ejemplo, Mariestela proyecta a Octavia y ésta, a su vez, a Parsimonia; además, la descripción física de Pámela, Paula, la mujer gata de Limón y la que pretende asesinar a Mariestela (según Antonio) es similar, porque el texto les confiere un carácter felino y unos recurrentes ojos verdes.
Unido a esto, aparece el concepto de espectro, “serie de colores semejante a un arcoiris (violeta, azul, verde, amarillo, anaranjado y rojo)” (Diccionario de la Real Academia Española, 2001: 432). De esta manera, el espectro está ligado con la división (fisión) mencionada, pero también, con lo invisible y lo fantasmagórico: Este carácter enigmático se une a la interpretación del francés Jean Soublin sobre la identidad de Mariestela (“un súcubo, un demonio que trata de deconstruir a Antonio”) (Soublin, 1998: 2). El texto manifiesta el carácter espectral de Mariestela y, por ende, de todos los personajes que rodean su mundo; no obstante, todos ellos son vistos sólo a través de la mirada de Antonio.
Al haber tanta multiplicidad, la imagen del sujeto no es clara, más bien se asemeja a la repetición de pasillos y cámaras propias de un laberinto. De igual modo, la novela evidencia personajes similares tanto en sus aspectos físicos como en su visión de mundo (sobre todo en Europa) y esto contribuye a que el sujeto hablante se confunda con los demás.
El desdoblamiento por esquizofrenia tiene que ver con la creación de una vida interior entregada a la fantasía, la invención de otra realidad distinta a la vivida y también con las alucinaciones. El término esquizofrenia, derivado del griego “hendir, escindir y espíritu” aparece ligado a “la incoherencia del pensamiento, la separación de la realidad con replegamiento sobre sí mismo y predominio de una vida interior entregada a las producciones de la fantasía” . La esquizofrenia implica otro tipo de desdoblamiento, porque requiere de la invención de otra realidad distinta a la experimentada por el personaje. Así pues, Antonio crea a partir de su padecimiento, un mundo cuya protagonista es Mariestela.
Pero, ¿qué elementos aporta el texto para tal afirmación? La novela menciona que Antonio ha sufrido crisis emocionales y que ha estado bajo tratamiento psicoanalítico. Además, aparecen otras metáforas que aluden a su estado psicológico como las constantes alusiones a Freud, a salir a la superficie y el diálogo casi terapéutico sobre el que está construido el texto.
Por otra parte, la esquizofrenia también está ligada con la paranoia y, por ende, con las alucinaciones y el doble objetivo. Este último “encarna una relación paranoica con el mundo: ve intenciones por todo lado y él es el centro de esas intenciones” (Jourde y Tortonese, 1996: 100). En efecto, el texto señala constantes alucinaciones por parte de Antonio, las cuales en la mayoría de los casos, tienen que ver con sangre o con una figura paterna (como el caso de Lord Laghlin).
El final de este proceso se aclara cuando Mariestela y todo su mundo desaparecen. Antonio logra publicar con éxito su investigación y cree estar estable o como él dice “haber emergido a la normalidad”.
Debido a los tres tipos de desdoblamiento la lectura se vuelve compleja y afianza su carácter ambiguo y enigmático.
Además, el texto ejemplifica lo que Vargas Llosa denomina exorcismo por medio de la palabra, si bien, ni Mariestela ni Antonio se definen como novelistas, más bien son narradores; habladores en lugar de “escribidores”: Y es que “un novelista no inventa sus temas sino que la realidad le provee de experiencias cruciales que están depositadas en su mente como espíritus malignos que lo acechan, y el escritor trata de librarse de ellos a través de un proceso de exorcismo: la escritura de novelas”. (Vargas Llosa, 1971: 15)
Asimismo, se debe recordar que el psicoanálisis en tanto método, investiga y cura las enfermedades mentales mediante el análisis de los conflictos sexuales inconscientes originados en la niñez (Laplanche y Pontalis, 1993: 670 )de igual manera, el texto se estructura sobre un pasado traumático y sangriento (el de la niñez de Mariestela), un presente libertino y disoluto y un personaje reprimido y frígido. La estructura de la novela performativiza una sesión de psicoanálisis en cadena, debido a que los personajes se van desnudando frente al otro por medio de sus palabras; así, Mariestela le cuenta todo sobre su vida a Antonio, y él se analiza a través de ella ante los lectores. La novela es la palabra misma, en ella se habla más de lo que sucede. Esto lo hacen los personajes para reconocer sus propios temores y fantasmas y enfrentarse a ellos, pero para lograrlo necesitan de alguien que los escuche pacientemente, sin recriminaciones ni enjuiciamientos. Este acto, como se dijo antes, es una especie de exorcización de un pasado que los persigue en el presente.
Antonio se traslada de lo racional a lo irracional por medio de su contacto con Mariestela, pues sus acercamientos a ella lo llevan a adentrarse en la zona peligrosa de la irracionalidad y de las fuerzas pulsionales generadas en la palabra misma de Mariestela, ya que ella es capaz de elaborar fantasmas y situaciones violentas mediante sus regresiones.
Él descubre, al lado de Mariestela, su propio lado oculto, sus fuerzas primarias, su lado pasional; conducido por la palabra y la relación con ella, descubre conductas (principalmente sexuales) desconocidas para él. No obstante, todo ese proceso se lleva a cabo gracias a la palabra que exorciza.
Ahora bien, el exorcismo se define como un conjuro contra el espíritu maligno (Océano Práctico, Diccionario de la Lengua Española, 1998: 342) y a este respecto, Mariestela sería el demonio que vive dentro de Antonio. Y puesto que ese ser maléfico, “espíritu, diablo o demonio que, según la superstición popular, tiene comercio carnal con un varón, bajo la apariencia de mujer” representa una amenaza, es necesario anularla, sacarla para restablecer el orden.
De esta manera, el desdoblamiento de Antonio para autoanalizarse, se puede interpretar como un exorcismo a través de la palabra. Como una persona poseída, él alterna periodos de calma y crisis, además de un comportamiento exterior muy parecido al que causan determinados trastornos psíquicos que se caracteriza por el desdoblamiento de la personalidad y por formas variables de esquizofrenia.
Además, el poseso, en los episodios agudos de manifestación de ira furiosa, pierde la conciencia. Cuando vuelve en sí, no recuerda nada, por eso Antonio no puede recordar nada sobre su pasado; es incapaz de reconocer los orígenes de sus traumas. Durante ese periodo de crisis, emerge la segunda personalidad: Mariestela. De este modo, se puede afirmar que toda posesión implica un desdoblamiento, especialmente en este texto. Inclusive, en algunos casos, Antonio padece de alucinaciones sensoriales, como ver sombras, la misma que persigue a Mariestela para matarla y que llega a distinguir con forma femenina. A pesar de todos estos síntomas, el pensamiento de Antonio, salvo en los momentos de trance, es claro. Lleva una vida normal, no obstante, sus continuas alucinaciones lo colocan en el espacio de la incerteza que es otro de los temas presentes en la novela.
La purificación, derivada del exorcismo, ocurre desde la última semana de febrero de 1973 hasta principios del siguiente. Justamente en ese periodo Antonio es poseído por Mariestela y vive con ella diversas experiencias que posteriormente culminarán con la partida de ella a Estambul (¿lugar de los cuentos de hadas?)
Aunado a esto, el acto de narrar en un concepto amplio se podría entender como un exorcismo en el sentido de sacar lo que se tiene adentro hacia fuera, como el vómito o la reminiscencia de recuerdos tormentosos. De hecho, el exorcismo se produce gracias a la invocación o el conjuro que, una vez pronunciado, tiene el poder de sacar el demonio fuera del cuerpo de la persona. Pero, en la relación entre el poseso y su liberación el elemento fundamental es la palabra, es decir, ella abre las puertas al demonio y ella las cierra, en una suerte de doble juego: el conjuro inicia la posesión y luego la detiene. Además, las oraciones proferidas van creando un mundo, que en el caso del texto, encierra la vida de Mariestela y, por ende, su unión con Antonio.
Existen en la novela varios acontecimientos ligados con la sangre, que juegan un papel muy importante; la infancia de Mariestela, por ejemplo, está llena de sangre; asimismo, los ritos y las brujerías realizados por algunos personajes son numerosos. Por otra parte, la sangre y el exorcismo están íntimamente ligados porque son precisamente las escenas sangrientas las que marcan los recuerdos de Mariestela; por eso ella necesita contar los hechos de los que fue testigo para así liberarse. De este modo, aparece simultáneamente el vómito que expulsa lo malo en el organismo de los seres humanos y que en el caso específico de la novela está ligado con la infancia violenta y macabra de Mariestela.
Por último, la sangre se vincula con la muerte simbólica del doble, es decir, Mariestela El sacrificio como un ritual del cual se espera un resultado, implica una muerte y un resurgir, en este caso se podría decir que Antonio sufre una transformación positiva gracias a Mariestela y a todo lo que aflora con ella. Por un lado, lo macabro, lo oscuro y grotesco; por otro, la lucidez y la culminación de una meta.
El resurgimiento de Antonio como una persona sin traumas se logra mediante la muerte de la otredad y esto en función de un desdoblamiento. La unificación por medio de la sangre (asunto relacionado con el sacrificio) implica que Antonio mate a su otro yo para emerger victorioso del proceso. Por esta razón, Mariestela es la única involucrada en los sucesos sangrientos, pues ella representa la parte de Antonio que debe morir.
De la misma forma en que el narrar alivia, el texto muestra que en efecto, la palabra exorciza, porque saca a la superficie lo que estaba oculto y reprimido. En ese sentido, el exorcismo extrae, pero al mismo tiempo revela y cura como lo haría también una sesión de psicoanálisis. De ahí, la estrecha relación que existe entre los procesos citados y el tema del doble.
La relación de la palabra exorcizante con el proceso de sesión psicoanalítica, en tanto terapia curativa es innegable y se da como una estructura de la novela, en la que se simula una sesión de este tipo. Este hecho deja ver que el diálogo está muy ligado con la sanidad y no sólo con la creación, aunque por supuesto desemboca en ella. Contar algo es traer ese algo de un tiempo a otro (una anamnesis): colocar una escena, un sentimiento pretérito en una fecha y espacio diferentes. De este modo, la función de la escritura, que es también otro contar, otro decir, bosqueja las características de un discurso teñido de personajes desarraigados, espacios limítrofes, escenas y ritos sangrientos, hechos nauseabundos y conversaciones de un humor ingenioso. La literatura, entonces, cumpliría en efecto, una función curativa, exorcizante, liberadora y creadora porque participa de múltiples procesos.
En la novela, la ambigüedad más que un recurso es una constante alevosa. En primer lugar, el aspecto de más vaguedad es el de los personajes, quizá por el tipo de desdoblamiento del que surgen. Cabe señalar que si bien existe una multiplicidad de personajes, sólo Antonio se fisiona. Mediante este proceso aparece Mariestela (un personaje detallado) y de ella, surgen los demás, ya no como dobles, sino como proyecciones incompletas del reflejo original. El texto divide a los personajes según el espacio, Europa y Costa Rica.
Los personajes principales son Antonio y Mariestela. El primero tiene el nombre de un santo muy famoso que se caracterizaba por exorcizar, luchar contra el demonio, obrar milagros y bilocarse. Mariestela también tiene un nombre que describe muy bien su naturaleza y, aunque está relacionado con muchos significados, quizá el más importante sea la palabra “estela”, porque es una brecha que indica límite. La brecha en ese sentido es un espacio por el que ella invade a Antonio. Pero también, “estela” significa columna y, de este modo, San Antonio y el demonio se unen porque según la leyenda, el beato se ataba a una columna mientras batallaba con el diablo (Centino, 2004: 170).
Los personajes de Europa, cultos y refinados, se oponen a los de Limón que resultan ser caóticos, pobres, agresivos y perturbados. En este grupo resalta la madre de Mariestela (Pámela) como su principal agresora, quien a la vez, es el único personaje que aparece en Europa y en Limón gracias a las alucinaciones de Antonio.
Cabe destacar que en los personajes femeninos hay una tendencia a la repetición, por ejemplo, la mujer de rasgos felinos (la asesina) tiene su equivalente con la madre de la protagonista, con la mujer que persigue a Mariestela para matarla y con la exesposa de Antonio. Esta tendencia a la repetición vuelve ambigua la historia pero indica que esos personajes emanan como reflejos incompletos de la propia Mariestela.
El estudio del espacio está predominantemente ligado con la diégesis, y quizá por ello, los lugares más significativos de la novela sean la cueva, el Pub del Pirata, el cuarto blanco de Mariestela y la casa al final del barrio en Limón. Cada espacio, afianza la idea de ambigüedad dado que tanto personajes como hechos muchas veces se reflejan (en el sentido de espejo) en un espacio distinto al que originalmente se le asignó en el texto. Por ejemplo, la idea del crimen aparece tanto en Limón como en Ikralión. Pero, también, el espacio se esquematiza a partir de la clasificación propuesta por Margarita Rojas y Flora Ovares (propuesta que mezcla elementos de Bajtin y de Lotman) en una guía de análisis literario escrita en el 2003 (a propósito del curso seminario de investigación literaria). Así el texto muestra espacios de muerte o caos, narración de la vida, interiores, fantásticos y mediadores
Los espacios de muerte o caos se caracterizan por la ausencia de luz, la humedad y por su condición subterránea. En el texto la cueva, el Pub de Pirata y Limón pertenecen a esta tipificación.
Los espacios de narración de la vida privilegian el acto de contar, generalmente unido con la presencia de comidas y bebidas. El apartamento y el cuarto blanco de Mariestela son de este género.
Los espacios interiores implican una interioridad y pueden presentar mezclas de elementos como mar y arena. En el texto son de notable importancia las islas y los puertos (Creta, Edimburgo, Estambul, Marina di Pisa, Limón y Las Islas Canarias). Se debe recalcar que los acontecimientos principales siempre ocurren en lugares rodeados por agua.
Los espacios fantásticos son ambiguos respecto a la realidad y el tiempo. En esos lugares, la atemporalidad, así como la incerteza son comunes. El ejemplo de la Meseta de Anatolia tiene mucha semejanza con los cuentos de hadas.
Los espacios mediadores equilibran o contrastan un lugar con otro; en el caso de la novela este espacio es San José que refleja una etapa de Mariestela mesurada e incipiente.
El texto evidencia varios pasajes ambiguos, pues en ellos se omiten nombres, datos precisos y tiempos determinados. Estos pasajes son el encuentro en la cueva, la mujer que inicia a Mariestela, el encuentro incestuoso y Ruy, Erni y la fraternidad de los jipis. El encuentro en la cueva, escena que abre el relato, presenta dos personajes sin nombre y sin comunicación verbal entre ellos. Inclusive, la cueva tiene una laja semejante a un espejo. Esta historia representa de manera simbólica, lo que sucederá en el libro con los personajes principales.
La mujer que inicia a Mariestela no tiene nombre ni origen, emprende con ella un viaje en barco, con múltiples experiencias sexuales, pero al final Mariestela la olvida (o la mata).
En el encuentro incestuoso, participa un hombre casi anciano buscando unos documentos en el cuarto blanco de Mariestela, sin embargo, este personaje no tiene nombre, se mueve en una escena atemporal y completamente anónima.
En el relato de la fraternidad de los jipis, la narradora cuenta en primera persona, mas no interactúa con los personajes, quienes son descritos como jipis, cultos y estrambóticos, y cuya relación con Mariestela no está claramente definida.
La función de los pasajes ambiguos es afianzar el carácter laberíntico del texto, haciendo que el lector sufra un cierto nivel de errancia (al igual que los personajes) y evidenciar la alevosía en el tratamiento de la ambigüedad y la dispersión.
Por otra parte, las alucinaciones juegan un papel muy importante en la interpretación del texto. Y es que, según el Diccionario (Real Academia Española, 2001: 25), alucinar es “ofuscar, seducir o engañar haciendo que se tome una cosa por otra”. En este sentido, cabe resaltar el carácter ilusorio e indefinido encerrado en esta palabra. La alucinación es una cuestión limítrofe, porque se mueve entre la realidad y la irrealidad, pero también tiene un carácter dual, que hace pensar en Antonio y su invención (Mariestela). Ese desplazamiento, vuelve imprecisos los acontecimientos y deja en la incertidumbre los hechos narrados.
Las alucinaciones sólo son percibidas por Antonio, pero Mariestela las refuta, así el texto demuestra nuevamente su ambigüedad. Estas alucinaciones podrían significar el tránsito por el cual se mueve Antonio: el personaje pasa de la realidad a la irrealidad en un proceso ligado al desdoblamiento. La alucinación está en el límite, no es ni lo uno ni lo otro y esto da como resultado la incerteza, sensación percibida por el lector al terminar de leer la novela.
La interpretación del texto parte de la función del desdoblamiento y su relación con el proceso de lectura. Y es que si en verdad el texto muestra esa cualidad, entonces, todo el mundo narrado cambia de autoría: no sería Mariestela sino Antonio, el verdadero creador de la historia. Pero, además, la función del doble en este caso particular estaría ligada con la facultad de crear otra realidad, por ello, a la pregunta de ¿cuál es la función del desdoblamiento en María la noche?, la respuesta es categórica: mostrar que es posible la instauración de otra realidad, otro mundo, gracias a ese proceso. No obstante, ese mecanismo no es exclusivo del doble (hablando de la literatura en general), aunque en este texto, sí lo es.
Las preguntas formuladas desde el inicio, así como los objetivos buscados derivan en un esbozo general de la visión de la literatura. Así pues, ésta tiene que ver con varios aspectos. Uno de ellos señala que contar algo significa sacarlo a la superficie, lo cual está ligado con el vómito: todo ser humano vomita porque siente una molestia en su cuerpo y mediante ese acto se alivia. De la misma forma, en el texto se asiste a una restauración por medio del narrar.
Al mismo tiempo, esta idea está implícita en el título de la investigación porque el exorcismo se produce gracias a la palabra y también el exorcismo implica sacar lo de adentro hacia fuera (y como se dijo, el vómito muchas veces es parte de una manifestación demoníaca).
En segundo lugar, hacer literatura es como un viaje: hay un punto de partida, aventuras, pruebas y hasta un desenlace. El texto alude a la metáfora de un Ulises femenino, aventurero y capaz de contar lo que ha vivido, porque sin la experiencia del peligro y las muchas odiseas, no se puede relatar nada. Sin embargo, ese Ulises femenino bien podría ser Antonio por el concepto de desdoblamiento citado, una alusión casi andrógina que le permite cumplir sus proyectos con éxito. Después del viaje, Antonio, al igual que Odiseo, encontrará su plenitud.
En tercer lugar, el contacto entre Mariestela y Antonio se da por medio de la palabra, ella es la que une, la que crea y la que desune. Pero también, los otros personajes, aparecen o desaparecen en función de sus actos y su discurso, luego de haber protagonizado un episodio, se esfuman porque en cierta medida dejan de ser invocados (lo que se invoca tiene presencia). Esto, además está relacionado con la palabra y el exorcismo.
En cuarto lugar, hay una necesidad de comunicación aún cuando el código no sea compartido: la mujer que inició a Mariestela, por ejemplo, parece francesa, de hecho no sabe inglés, sin embargo comparte con ella aventuras eróticas. Así, la comunicación tiene un evidente plano sensual que paradójicamente requiere de muy pocas palabras (el caso de los y las múltiples amantes de Mariestela). Por otra parte, existe la idea del autopsicoanálisis y la analepsis como forma de relatar lo ocurrido en el pasado. Tales procesos no son asistidos por profesionales, más bien, el economista español logra salir avante durante la ausencia de su terapista. Antonio necesita hablar y para ello inventa a Mariestela, quien a su vez evoca su pasado.
Y por último, la literatura funciona como remembranza o memoria reconstruida, es decir, dejar fluir la memoria es dejar fluir el relato (como en el mito de Trofonio y la silla de Mnemosine) (Chevalier, 1969: 264). Todo el relato implica “desenrollar tiras y tiras de personal historia” o la mostración de “algunas obsesiones o capítulos” (Rossi, 1985: 89). La última oración de la novela menciona el cesar de la memoria, es decir, el final de un proceso exorcizante que no requiere de más recuerdos ni demonios porque logró su objetivo: la liberación por medio de la palabra.
Con base en lo analizado, se afirma que la literatura es metáfora del exorcismo, el viaje, el autoanálisis, el fluir de la memoria y la comunicación en diversos planos. El acto de narrar permite crear, liberar y renovar porque utiliza la palabra, invoca la realidad de las cosas. De este modo, la literatura se vuelve dinámica, un desahogo construido con palabras y también una práctica dialógica, curativa que devuelve al sujeto a su unidad, pues al final Mariestela desaparece.


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